Ahí no es dónde me duele…

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En numerosas ocasiones cada uno de nosotros hemos hablado con un familiar, un compañero de trabajo o un amigo y nos ha contado su experiencia cuando ha ido a una consulta de Fisioterapia, Osteopatía u otra disciplina. “…a mi me dolía el cuello pero me tocó la espalda…” , “…le dije que mi problema era el lumbago pero me estuvo tocando el pie…”. Muchas veces nos dejamos engañar por el dolor, la tensión y las molestias que sentimos, pensamos que si algo no funciona, el origen de esa anomalía se encuentra allí donde se manifiesta y esto en la mayoría de las veces no es así. El cuerpo humano es una estructura viva que está compuesto entre otras muchísimas cosas por huesos, ligamentos, músculos, fascia y nervios. La estructura sobre la que todo se sostiene son los huesos, estos se encuentran unidos por los ligamentos que estabilizan las articulaciones de unos con otros. Anclados sobre los huesos encontramos los músculos que gracias a su acción permiten que las articulaciones se abran o se cierren según nuestras necesidades, recolocando la estructura ósea en cada momento. Estos músculos se encuentran envueltos en una especie de telilla llamada fascia que los envuelve y facilita su deslizamiento y su acción. Los nervios son “los cables” de los que hace uso el sistema nervioso para hacer llegar sus órdenes a las diferentes estructuras y zonas del cuerpo. Estos “cables” pueden llevar una información desde una zona de la columna hasta el extremo final de una pierna o un brazo.

Por ejemplo, cuando hay una ciática que llega hasta el talón, sabemos que el nervio ciático tiene su origen en el plexo lumbar y que concretamente la raíz responsable de que la molestia o el dolor se localice en esa zona es la L5-S1. Si en cualquier parte del recorrido del nervio hubiera un problema este provocaría una irritación del mismo provocando sintomatología. Quizás la normalización de la estructura a nivel de la vértebra permita que ese nervio deje de estar irritado y continúe dando problemas. Esto explica que algunos profesionales opten por manipular a ese u otro nivel de la espalda para solucionar problemas más alejados.

En otras ocasiones se procede de manera contraria, es decir, trabajando una zona más alejada podemos normalizar una molestia que se encuentre en la espalda. Todas las estructuras del cuerpo están relacionadas. Por ejemplo, si tengo un mal apoyo de un pie aunque no duela, esto va a crear un aumento del tono muscular, va a hacer las articulaciones entre los huesos se modifiquen (tenemos 26 huesos en cada pie) creando tensiones en todas ellas. Esta tensión será transmitida hacia arriba provocando una fijación a nivel de la pelvis. Como el apoyo en ese pie no es el correcto la función de la pelvis cuando andemos se verá también modificada lo que transmitirá una mala información a la otra pierna dando problemas en la rodilla. El paciente llegará a consulta con dolor en la rodilla, pero sólo un examen exhaustivo y completo de toda la estructura corporal será el que determinará el verdadero origen de la causa del dolor. ¿Dónde es más lógico que se actúe? ¿En la rodilla que duele o en el pie del lado contrario? Esto no es más que un ejemplo sencillo que quiere hacer ver que muchas veces el dolor intenta engañarnos.

Como decíamos, el dolor es mentiroso y nos guía falsamente para que centremos nuestra atención donde muchas veces no es necesario. Un dolor por ejemplo en la rodilla puede deberse a que la articulación se encuentra afectada, tendremos que ver cómo están los ligamentos en una zona más próxima a esa articulación. Si el problema es muscular, tendremos que ver el recorrido completo del músculo (muchos de los músculos de la rodilla tienen su origen a nivel de la pelvis) por lo que la zona de exploración se alejará de la rodilla. Si el problema es de la fascia (“telilla” que cubre los músculos) la exploración abarcará más zonas puesto que esa “telilla” recubre y une todos los músculos (entre otras estructuras) del cuerpo. Si hablamos de un origen neurológico periférico tendremos que ver el recorrido del nervio que inerva la zona…

Esto que hemos expuesto son causas puramente mecánicas pero el dolor puede tener un origen que en muchas ocasiones nos sorprenderían, por ejemplo hay dolores que pueden deberse a una alimentación no adecuada (ingerimos unas 70 toneladas de comida durante nuestra vida). Si la dieta que llevamos obliga al cuerpo a hacer un sobre esfuerzo para poder metabolizar adecuadamente lo que ingerimos, no será posible que el responda adecuadamente en ciertas circunstancias. “Me agaché a cerrar un cajón y me quedé doblada…no me podía enderezar”. Obviamente, el cajón no es el responsable del dolor, más bien las condiciones previas del cuerpo son las que han provocado que tras agacharnos no podamos levantarnos. Nos dolerá la espalda, si. Podremos aliviarlo, seguramente si también, pero para evitar que vuelva a producirse, habrá que profundizar mucho más en la historia del paciente, no sólo explorar la zona dolorosa y tener una visión más global de la persona.

Ya lo hemos dicho, el dolor es mentiroso y juega al despiste con nosotros. Tenemos que en la medida de lo posible no darle ventaja. Sería una gran noticia que aprendiéramos a escuchar a nuestro cuerpo, a detectar pequeñas disfunciones para poder ponerles remedio cuanto antes y sobre todo que hiciéramos un trabajo preventivo. Los ya manidos por archicomentados en miles de sitios “hábitos saludables” son los que verdaderamente hacen que la patología no tenga cabida en nuestras vidas. Sólo queda el intentar aplicarlos en la medida que podamos y así evitaremos muchas dolencias y malestares que en muchas ocasiones vemos con naturalidad. El cuerpo humano no está hecho para convivir con el dolor, es un vehículo que debe permitirnos vivir la vida en su máxima expresión. Necesitamos cuidarlo.

                                                                                            Rafael Pérez                                                                                                  Fisioterapeuta                                                                                               Osteópata C.O.

A propósito de un caso…

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Son muchos los pacientes que en consulta suelen preguntar “¿Has visto más casos como el mío? ¿Es normal que esto sea a así o sólo me pasa a mi?”. La respuesta siempre es si, si hemos visto más casos iguales o semejantes y lo que ocurre si es normal. Aunque la respuesta sea un si rotundo que reconforta y tranquiliza a nuestro interlocutor la realidad es que les mentimos. Ningún profesional que se dedique a la salud puede decir que ha visto dos casos iguales, que ha tratado a dos pacientes con el mismo problema o que ha ayudado a resolver no sé cuántos procesos a “x” pacientes. Las vivencias de cada individuo, su factores psicosociales como son sus emociones, sus pensamientos y comportamiento entre otros, hace que cada paciente sea excepcional y que la causa de su dolencia sea absolutamente única. Esto es así porque esa causa es “su causa” que se desencadena gracias a “la mochila” que cada uno llevamos en nuestro día a día tan determinante ésta, que puede hacernos elegir uno u otro restaurante para cenar, ser más o menos amables con nuestro vecino o desencadenar una cefalea de origen tensional. Nuestra misión como profesionales de la salud es ayudar al apaciente a identificar cuál es su mochila y llegado el caso vaciarla si no del todo, si lo suficiente para que la persona pueda desarrollar su día a día de la manera más cómoda posible.

Muchos pacientes me piden que les hable de sus casos. Pues bien, mi intención con las entradas sucesivas será la de informar de manera genérica sobre diferentes problemas vistos en la clínica, dudas planteadas por pacientes, métodos de trabajo,etc. pero no quiero dejar pasar por alto que esas generalidades no hacen justicia con los hallazgos del día a día en consulta, precisamente por lo apuntado en el párrafo anterior. Espero que en lo sucesivo los diferentes temas que se van a ir tocando sean de interés para el lector y éstas puedan ayudar a que cada individuo conozca algo más de su proceso, insisto, siempre sin perder de vista lo incompleto de la información que se puede facilitar.

                                                                                                                                           Rafael Pérez                                                                                                                                          Fisioterapeuta                                                                                                                                           Osteópata C.O.